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Psicología Barcelona / Joan Vallbona (629 98 30 86)

Un caso de depresión

chica-solitaria

Una tarde vinieron a mi consulta  dos mujeres. Un rasgo parecido de ojos delataba la relación. Eran madre e hija.

Habló la hija. Mire,  hace un par de años mi padre falleció y desde ese día mi madre nunca ha vuelto a ser la misma mujer enérgica, alegre y entusiasta. Al principio, mi hermano y yo, lo atribuimos a la perdida de papá y nos pareció hasta cierto punto lógico el cambio. Pensamos que precisaba nuestro ayuda provisionalmente y al cabo de unos días nos habíamos repartido las tareas de apoyo: Entre los dos la visitábamos casi cada día, le hacíamos compañía e incluso le hacíamos la compra. No me malinterprete, pero para nosotros ha sido un esfuerzo importante puesto que mi hermano y yo tenemos nuestras obligaciones  de vida y familia. Lo hemos hecho con todo el cariño del mundo.

Pasaba el tiempo pero la situación no mejoraba. Un año después estábamos como el primer día. El médico de la familia que la visitaba con frecuencia nos decía que mi madre tenía una buena depresión y que había que ayudarla. En fin… que le he de contar… empezamos con pastillas, incrementamos nuestras visitas y atenciones; y contratamos profesionales de todo tipo… en algún momento pareció que la cosa mejoraba…  pero fue todo muy fugaz.

Pero si estamos hoy aquí es porque ahora mismo mi hermano y yo ya no sabemos qué hacer. Estamos exhautos; los dos hemos tenido problemas con nuestras parejas por no llegar a todo… y además, hoy hace una semana que mi madre no sale de casa y tres días que ni se levanta de la cama. Dice que no tiene ganas…

Ante esta situación sin duda alarmante hice por quedarme a solas con la hija y le conté como podíamos empezar a intervenir.

Sé que lo que le voy a pedir puede parecer una contradicción pero para el bien de su madre es preciso actuar de inmediato. Hemos de hacer todo lo que este en nuestras manos para mejorar la situación. La mujer movía la cabeza afirmativamente sin decir nada.

Después de asegurarme que su madre no padecía ninguna enfermedad física grave que la impidiera y que neurológicamente todo estaba en orden, me dirigí a la hija. De entrada les pido a usted y a su hermano que suspendan las visitas diarias. Ahora su madre necesita que ustedes se mantengan un poco al margen. Pueden llamarla cada día y hablar un rato por teléfono y saber que sucede pero… nada de visitas diarias. Esta es la forma de ayuda que precisa ahora mismo mamá. Una visita a la semana como antes y poco más. Díganle que tienen trabajo y que no pueden ir.

La hija (una mujer de 43 años en plena carrera profesional y con dos hijos en casa ) hizo una expresión agridulce. Por una lado, su cuerpo le pedía una distancia pues el tema le estaba provocando incluso complicaciones de salud. Por otro lado, le costaba de entender qué sentido tenía abandonar ahora a su madre. Después de hablarlo, aceptó la prescripción.

Con la madre ya en el despacho le hablé directamente y le pedí lo siguiente: “ Mire, -dije dirigiéndome a la madre.- yo entiendo que a usted le cueste mucho levantarse de la cama por ello fíjese que le propongo un juego curioso. Si quiere puede no levantarse de la cama, pero si no lo hace antes de las 9 de la mañana le prohíbo que lo haga hasta el día siguiente. Por otro lado, puede usted si lo desea no salir de casa pero le propongo que si sale sea antes de las 11 de la mañana y que si no lo hace le prohíbo que salga de casa hasta el día siguiente”. La mujer comprendiendo la lógica del jueguecito esbozó por un segundo una sonrisa picarona. Finalmente, después de asegurarnos que la madre mayor había entendido la prescripción quedamos para vernos en una semana.

Una semana después volvieron a la consulta. La hija venía con un rostro mas descansado y la madre parecía más despierta.

¿Cómo ha ido ?.- pregunté.

Bueno,- respondió la hija.- bastante bien.?

¿A qué se refiere?. Los primeros tres días estuvimos a punto de llamarle a usted. Según nos dijo por teléfono, llevaba dos días en cama, sin levantarse y sin salir. El tercer día se levantó pero no salió de casa.. mientras que el cuarto día se produjo un milagro… ¿Ahhh? Salió de casa antes de las once y casualmente se encontró con una amiga suya de toda la vida que recientemente también había perdido su marido, y el caso es que una por otra, ahora van juntas a todas partes. Fíjese que me parece que los vamos a comprar un móvil pues ahora no hay quien la pille en casa. Tiene una agenda que parece un ministro… El trabajo que hemos tenido para que viniera hoy aquí pues tenía teatro con las amigas. La madre no estaba recuperada del todo, lógicamente, pero todos entendimos que era una cuestión de tiempo.

La causa del desánimo de la madre era más que evidente. No se había recuperado de la viudedad. Así pues, poco hay de nuevo en ese análisis. Ahora bien, si centramos la atención en otro aspecto e intentamos, más que perdernos en la causa, responder a la pregunta “¿cómo funciona el problema?” Entonces es cuando nos damos cuenta que el comportamiento de las personas deprimidas ante determinados problemas, tras intertar resolverlos sin éxito, es “renunciar”.

Como decía Balzac:

La renuncia es un suicidio cotidiano”.

Según Giorgio Nardone:

 “La depresión no es un trastorno en sí mismo, sino un trastorno que es efecto de otras problemáticas. La palabra depresión indica “bajada”, sirve para indicar la reacción que tiene un individuo cuando hay algo que no funciona en su vida. La depresión no nace de la nada, es el resultado de los fracasos, de la desilusión. Nace siempre a partir de algo que, por lo que sea, provoca esa derrota y , entonces, la persona se rinde”.

La persona deprimida se paraliza, aplaza decisiones esperando que las cosas se resuelvan solas y, entonces, lo que pasa es, que todo sigue igual o incluso peor, pues aún se deprime mas.

Joan Vallbona Sallent

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